Entrevista al embajador Rafael Estrella en Veintitrés Internacional

El embajador fue entrevistado por Jorge Cicuttin para la revista Veintitrés Internacional. En un diálogo profundo recorrieron una amplia temática, desde el regreso de ETA con los últimos atentados en España, hasta la crisis institucional de Honduras.

“No puede haber complacencia con un golpe de Estado en América Latina”

El embajador Rafael Estrella no tiene dudas: "ETA es un fenómeno residual". También explica por qué la crisis de desocupación está terminando en su país del conflicto por Aerolíneas Argentinas al futuro de la Unión Europea en un mundo multipolar, uno de los diplomáticos extranjeros más influyentes en el país habla de todos los temas y pronostica que 2010 será un año clave para relanzar las relaciones entre ambas naciones.

 
 

España aparece como uno de los países de la Unión Europea donde ha pegado más duro la crisis financiera internacional. ¿Cree que, como pronostican algunos gobiernos, se está saliendo del peor momento?

–Efectivamente, la crisis ha golpeado de manera muy especial y muy duramente a España. Y ha golpeado en un punto que no se da en el conjunto de los países europeos, que ha sido en el empleo. Eso fue así porque en España el sector de la construcción había crecido desmesuradamente. Estaba construyendo tantas viviendas como Francia, Alemania y el Reino Unido juntos. Entonces, ante ese boom de la construcción la llegada de la crisis aceleró un proceso de freno, de paro, en la construcción de viviendas y eso expulsó del mercado de trabajo a muchísima gente. El desempleo ha pasado de estar por debajo de los dos millones a superar los cuatro millones de parados. Frente a esto hubo una serie de medidas, por parte del gobierno, de reactivación de los distintos sectores, incluyendo el de la construcción, con un proceso de endeudamiento público para salir de la crisis. Esto incluye programas de financiación para proyectos de pequeñas y medianas empresas, para sectores como el de turismo y automóvil, y todo esto está comenzando ya a dar sus frutos. De hecho en los últimos tres meses se produjo una recuperación del empleo. No es para estar confiados, no es para decir que ya pasó la crisis, pero sí para pensar que ya pasó lo peor y que entramos en una senda de recuperación en la que todavía tendremos que afrontar importantes dificultades. Por eso el gasto público se ha restringido, en todo lo que no tiene que ver con inversión.

–¿Cómo afectó socialmente este aumento del desempleo? ¿Se registraron brotes de xenofobia, de ataques a los inmigrantes?

–No. Ha habido alguna pulsión, no digo que xenófoba, pero sí el decir “aquí no caben más extranjeros”. Es una realidad que hay problemas para acoger más inmigrantes por la situación del mercado laboral, pero lo que se ha producido es un fortalecimiento de las redes de contención social de las que se benefician todos quienes están en el mercado laboral español, incluidos los extranjeros. El seguro de desempleo en España abarca a más del 75 por ciento de los trabajadores en paro, se ha ampliado el plazo por el que puede uno estar acogido al seguro de desempleo y se han establecido una serie de mecanismos de reinserción al mercado laboral y también para el perfeccionamiento profesional. También se trabaja con fuerza en la innovación tecnológica, pues el gobierno considera que el desarrollo tecnológico, el valor agregado que supone la inversión en tecnología, va en beneficio de todos los sectores. Y eso está haciendo que no haya un impacto intenso en el desempleo que afecta de manera más intensa a sectores como jóvenes, empleados de mayor edad e inmigrantes.

–¿Ciudadanos españoles tuvieron problemas en otros países de la Unión Europea?

–No se ha dado el caso. En España estamos un poco vacunados contra la xenofobia, quizá porque el nuestro ha sido un país de mucha inmigración, ha habido un fenómeno muy reciente –en los años ’60– que nos hace estar vacunados ante cualquier reflejo xenófobo. Por ejemplo, frente a los atentados del 11 de marzo de 2004, cometidos por un grupo de radicales islamitas, no hubo ni una sola expresión ni un solo gesto hacia los inmigrantes musulmanes. Se entendió perfectamente que era un grupo radical que invocando al Islam había cometido un acto terrorista, un grupo aislado y rechazado por el conjunto de la comunidad islámica.

–Usted dice que en la recuperación de la economía española es fundamental la participación del Estado. ¿Coinciden en esta actitud los otros países de la Unión?

–La Unión Europea es bastante desigual, su ampliación ha hecho que se pierda, quizá, la coherencia que existía fundamentalmente en el núcleo duro de países de la UE. Estoy pensando el caso de Alemania, con el que España tiene una visión en común sobre el estado de bienestar, también con los países nórdicos, como Dinamarca. El Reino Unido tiene una visión diferente, aunque ahora eso se ha diluido en parte. Pero pienso que se mantiene en lo central esa línea directriz, en la UE la protección social es un elemento fundamental, casi una seña de identidad. Los elementos del estado de bienestar forman parte de la Europa a la que quisieron unirse todos los países. En cuanto a nosotros, lo último que va a hacer España en momento de crisis es bajar la atención social, por el contrario la idea es aumentar la protección sobre los sectores más desprotegidos.

–¿Cómo ve, en el futuro, la ubicación de la Unión Europea en un mundo que se presenta como multipolar?

–Precisamente esta es la reflexión que le ha encargado la UE al ex presidente Felipe González. Él está dirigiendo un pequeño grupo de trabajo que va a producir en los próximos meses un documento sobre la senda a seguir por la UE para profundizar la construcción del proyecto europeo. Tenemos ante nosotros un calendario, una hoja de ruta que debiera llevar a la UE a dar un salto cualitativo. Luego de la aprobación del tratado por los ciudadanos irlandeses, como se piensa que va a ocurrir, a partir de allí ya se pondrían en marcha las reformas que están acordadas. De esas reformas surge que la UE dé un salto cualitativo en su construcción como actor político internacional, y en ese marco se va a crear la figura equivalente a un ministro de Relaciones Exteriores. La UE ya tiene una política común y habla con una sola voz, en nombre de los más de 500 millones de habitantes de la Unión, en materia comercial, por ejemplo. Ahora vamos a dar un paso en esa dirección y se va a hablar en una sola voz en Naciones Unidas, sin perjuicio del peso que tienen acreditado países que forman parte del Consejo de Seguridad. Se va a superar el carácter intergubernamental en una serie de áreas. Es un camino lento, pero hay que avanzar en esa dirección. La UE ya ha declarado su vocación de convertirse y ejercer como un actor internacional con responsabilidades y con influencia. Está determinada en encarar ese rumbo.

–En este camino, ¿cómo es la relación con Rusia?

–Rusia es, para mí, un socio de la Unión en la creación de un espacio de seguridad en el sentido amplio de la palabra. Un contexto de seguridad que permite el desarrollo de una actividad económica, la extensión del bienestar, en el conjunto de Europa. Es un socio también para la seguridad energética. Por lo tanto la UE y Rusia están abocadas a un entendimiento y a pesar de algunas divergencias que puede haber por decisiones que toman las autoridades rusas, como por ejemplo con países limítrofes caso Georgia, ese entendimiento va avanzando gradualmente. No es fácil, hay muchos años de recelos. Existen dentro de la UE países que por venir de la órbita comunista tienen recelos aún mayores y la ven todavía como la Rusia del imperio soviético. Tenemos que trabajar para mejorar ese asunto y construir juntos un espacio europeo de estabilidad, seguridad y prosperidad.

–Lo saco de la Unión Europea y pasamos a Latinoamérica. Hoy hay dos temas conflictivos fuertes en el continente: el golpe en Honduras y la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia. ¿Qué postura ha fijado España en estos casos?

–En el caso de Honduras nuestra posición es bien clara y rotunda. Desde el primer momento se retiró al embajador español y España viene apoyando los intentos de la OEA y la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, a quien le ofrecimos nuestro apoyo y nuestra colaboración en todo lo que necesite. Creemos que es muy importante dejar en claro que en el siglo XXI en América latina no tienen cabida los golpes de Estado, no puede haber complacencia, ni mirar hacia otro lado ante la alteración del orden constitucional establecido. Sabemos que la solución es difícil pero estamos trabajando con otros países para que se restablezca el orden constitucional.
–¿Y Colombia?

–Creo que ha sido un anuncio que probablemente no se ha producido de la manera más adecuada. Hubo poca comunicación, aunque el presidente Álvaro Uribe ha hecho un despliegue muy importante en las últimas semanas visitando a gobernantes de la región para explicar el tema. Cualquier país tiene el derecho de autorizar el uso de su territorio por otras potencias, pero los países vecinos también tienen derecho a exigir y demandar garantías de que eso no va a suponer una militarización de la región ni amenazas a su propia seguridad. En ese espacio está el punto donde deberán encontrarse el ejercicio legítimo por parte de Colombia de autorizar el uso de determinadas instalaciones en su país, que parece que se produce sin alterar las condiciones de soberanía, y los demás países y su pleno derecho de exigir garantías de que no se alterará el statu quo en la región.

–¿Ustedes ven la desigualdad social en el región como otro de los factores de conflicto?

–Sin duda. Ocurre que el Consenso de Washington, su aplicación, resolvió ciertos problemas macroeconómicos que tenían algunos países de la región, pero se olvidó, ignoró, la dimensión social, y lo que hizo fue profundizar las desigualdades sociales. Resolvió problemas como la inflación, abordó cuestiones de deuda, pero no contempló ninguna acción para prevenir sus efectos negativos sobre el aumento de la desigualdad que generó en un continente donde la desigualdad era ya muy profunda. Esta lucha creo yo que es una de las grandes tareas. Si miramos ahora los bicentenarios que se vienen, en España pensamos que debiera ser una oportunidad para realizar un ejercicio serio con una agenda que permita abordar todos los problemas que tiene la región. Las desigualdades sociales son el signo más lacerante y todo está vinculado también con elementos como la falta del aprovechamiento adecuado de recursos, la falta de infraestructura en la región y, fundamentalmente, las carencias en cuanto a la integración regional.

–Pasando a España, ¿cómo viven hoy la violenta reaparición de ETA?

–ETA es un fenómeno residual. Residual desde un punto de vista de su operatividad y también desde las perspectivas de lograr algún resultado con sus acciones. El único resultado que logran es sembrar el terror, sembrar muerte y sembrar discusión, y acabar en la cárcel como han venido acabando todos los dirigentes de la cúpula de ETA a los largo de los últimos dos años. Pero están ahí, tienen capacidad de destruir y capacidad de matar. Aunque socialmente están aislados. En las últimas encuestas que se han hecho en el propio País Vasco, apenas superan el uno por ciento quienes dicen que simpatizan con la violencia terrorista de ETA. Sus objetivos políticos de autodeterminación pueden simpatizar a un diez por ciento, pero la condena a las acciones de ETA es rotunda y firme, y eso se ve en todas las fuerzas políticas en el Parlamento, los sindicatos, los empresarios...

–Incluso con la llegada de un gobierno socialista en el País Vasco...

–Sí, esto también lo marca que hay un gobierno socialista por primera vez en el País Vasco. Hasta ahora había una actitud de “vive y deja vivir” a las expresiones de simpatía que se producían en algunos municipios con algún terrorista que caía apresado, pero ahora hay tolerancia cero, no se permite ningún tipo de manifestación de pancartas, de carteles, de manifestaciones públicas de apoyo a ETA. Se está erradicando culturalmente y eso ha tenido un gran apoyo en la propia sociedad vasca que está ya harta de la violencia.

–Estos atentados se pueden ver como los últimos estertores de un accionar ya repudiado mayoritariamente...

–No sabemos cuánto van a durar estos últimos estertores, lo que sí tenemos la seguridad todos, y la sociedad vasca en primer lugar, es que ETA no va a conseguir ningún objetivo político, que no se va a pagar ningún precio político por el terrorismo, y por lo tanto lo único que les queda es decidir voluntariamente que abandonan la violencia porque si no lo deciden voluntariamente, lo decidirá la eficacia policial, lo decidirá la cooperación ciudadana, la cooperación internacional y seguirán el mismo destino que sus antecesores en la dirección de la banda, que es la cárcel. Estamos viendo cómo hay un rejuvenecimiento, cada vez los más experimentados, los más maduros, ya no dirigen la banda porque están en la cárcel; ahora quienes dirigen y hacen las acciones son cada vez más jóvenes, más inexpertos, más inmaduros...

–Parece haber una ola denuncias judiciales en la política española. ¿Es así?

–Tiene razón, pero sólo en parte. No se están produciendo denuncias de un partido a otro ante los tribunales. Sí hay una acción de los tribunales por un caso muy importante de corrupción en una trama que aparece vinculada a dirigentes del Partido Popular, y en esto hay que dejar que los tribunales actúen. Esto tiene un ruido político porque, entre otras cosas, algunos de los implicados tienen estatus parlamentario y por lo tanto en su momento van a tener que ser autorizados por el Parlamento para que sean procesados. Hay otro caso que es interno del PP por escuchas telefónicas en una disputa interna, pero allí son los propios dirigentes del PP los que han ido a los tribunales a denunciar a quienes consideran responsables de esas escuchas ilegales. Y a partir de allí hay denuncias políticas, estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo periodismo en España que es el periodismo de “hamaca y parasol”...

–¿Cómo es eso?

–Algunos dirigentes hacen declaraciones desde la hamaca, en la playa, que se graban y se envían enlatadas a los medios, y creo que eso es un deterioro de la comunicación de la política que debiera abandonarse y superarse. Creo que los políticos deberían enfrentarse a los medios de comunicación, dar la cara, responder. Esto lo estamos viendo en estos días y a la distancia me llama la atención.

–Hubo desde el PP críticas al gobierno diciendo que se persigue más a este partido que a ETA...

–Eso fue una frase imprudente por parte de alguien del Partido Popular. Hay ciertas fronteras que no se deben pasar nunca, y esta es una de ellas. En la lucha contra ETA debemos estar todos unidos y no se debe equiparar la lucha y la firmeza contra ETA con ninguna otra cuestión que divida a las fuerzas políticas que es lógico que tengan divisiones. Creo que ha sido una frase muy desafortunada y espero que para cuando pase el verano, eso, si no ha sido rectificado, como mínimo sea sumido en el olvido que se merece.

–¿Cómo se está llevando adelante el proceso de recuperación de la memoria histórica? Porque hay quienes ven en la búsqueda de fosas comunes para recuperar cuerpos de ejecutados durante la Guerra Civil una reapertura de heridas ya cerradas.

–Al contrario, creo que justamente se trata de cerrar heridas que estaban abiertas. En España, por el devenir de nuestra transición todavía había y hay muchas personas que sabiendo que su padre, su abuelo, están enterrados en la cuneta de una carretera no los han podido enterrar dignamente. Lo que hace la ley de memoria histórica es permitir que se puedan recuperar esos cuerpos, ya que muchos del bando de los derrotados no han tenido esa posibilidad, y mientras esas heridas estén abiertas no habremos culminado nuestro proceso de transición y no podremos mirar al futuro con la cabeza alta. Era una asignatura pendiente que no tiene ningún elemento de revancha, no hay ninguna revisión de casos ni condenas a posibles autores o responsables de esas ejecuciones, es simplemente la recuperación de la dignidad y la recuperación de la memoria de los que no pudieron ser recuperados en los años anteriores...

–¿La sociedad española lo acepta así en su conjunto?

–Sí, sin duda. Ha sido un elemento de controversia política y mediática, pero a la inmensa mayoría de la sociedad, y así lo marcan las encuestas, le parece normal, porque muchos tienen de esos casos en sus familias. Otra cuestión es que en algún caso la familia dijera que no quiere saber o no quiere que se investiguen los restos, pero los lugares donde están enterrados hay que investigarlos. Esto se está haciendo sin un gran ruido, sin ninguna batalla, es un suceso que está amparado por una legislación y profesionales de la medicina, bajo autoridad y decisión de los jueces, están trabajando. Es difícil negar a alguien el derecho a saber dónde está el cuerpo de su padre y que repose dignamente en una tumba.

–No fue tan así cuando retiraron las últimas estatuas de Franco...

–Hubo alguna algarada de cuatro extremistas de extrema derecha y alguna voz que se escuchó desde la oposición conservadora, pero no, la sociedad acompañó claramente.

–En cuanto a las relaciones con la Argentina, cuando la Presidenta estuvo en febrero en España usted dijo que se “había perdido el pulso” de la relación bilateral. ¿Qué quiso decir con eso?

–Esa frase yo la expresaba desde la ambición. Creo que el grado, la intensidad de nuestras relaciones, su potencial, debiera permitirnos ser mucho más ambiciosos de lo que hemos sido hasta ahora. Hemos hecho muchas cosas juntos, pero quizá la relación es tan fluida y nos sentimos tan cómodos, que prácticamente no vemos la necesidad de profundizar y de plantearnos nuevos retos. A eso me refería cuando hablaba de retomar el pulso. Por ejemplo, los ministros de Cultura no sienten la necesidad de reunirse para plantear proyectos futuros porque la relación cultural es de una gran intensidad, no ya de intercambio sino de un espacio compartido y lo mismo cabe aplicar a otros ámbitos. En ciencia y tecnología, por ejemplo, estamos haciendo muchas cosas juntos, estamos acostumbrados a que nuestros científicos, nuestras universidades ya se relacionan entre sí. Toda esa masa crítica necesita de un impulso político para dar un salto adelante. Y creo que el 2010, que tiene muchos elementos, no solamente el simbolismo de los bicentenarios, es una buena ocasión para dar saltos adelante, para eliminar trabas, para impulsar. Tendremos una confluencia casi galáctica, la presidencia española de la Unión Europea en el primer semestre de 2010, presidencia argentina del Mercosur y del Grupo de Países de América Latina y el Caribe, va a haber una cumbre de América latina y la UE en ese primer semestre. Tendremos que trabajar, la Argentina y España, para tener una agenda consistente, sólida, para todo este recorrido.
Retomando algo que sigue siendo una asignatura pendiente que es el acuerdo UE-Mercosur, quizás ahora por la crisis y como mejor estímulo para el día después de la salida de la crisis retomar ese acuerdo que serviría además para reactivar internamente al Mercosur y obligaría a la UE a volver su mirada más hacia América latina ahora que ha estado mirando mucho hacia la Europa central, oriental, y Asia, y en eso argentinos y españoles estamos muy preparados para hacerlo.

–¿El tema Aerolíneas sigue siendo conflictivo?

–Sobre Aerolíneas se produjo un desacuerdo dentro de un entendimiento muy amplio entre los dos gobiernos, y en algunos momentos hay desacuerdos que afectan en menor o mayor grado al conjunto en general. Ese desacuerdo fue abordado por los presidentes. Tenemos claro los dos gobiernos que ese desacuerdo no condiciona ni determina el conjunto de la relación. Pero tenemos también desde el gobierno español la voluntad y el deseo de que se encuentre una solución satisfactoria para todas las partes. Están trabajando, es algo sobre lo que el gobierno español no tiene gran cosa que decir, está trabajando el gobierno argentino con la empresa que está ahora mismo en el CIADI, y con la compañía Airbus. Sería deseable que se llegue a una solución satisfactoria para todas las partes. No hay elementos de tensión en la relación, por eso hay que retomar el pulso en una agenda compartida para intensificar la relación bilateral.



Entrevista publicada en Veintitrés Internacional on line