España aparece como uno de los países de la Unión Europea
donde ha pegado más duro la crisis financiera internacional. ¿Cree que, como
pronostican algunos gobiernos, se está saliendo del peor momento?
–Efectivamente, la crisis ha golpeado de manera muy especial y muy duramente a
España. Y ha golpeado en un punto que no se da en el conjunto de los países
europeos, que ha sido en el empleo. Eso fue así porque en España el sector de
la construcción había crecido desmesuradamente. Estaba construyendo tantas viviendas
como Francia, Alemania y el Reino Unido juntos. Entonces, ante ese boom de la
construcción la llegada de la crisis aceleró un proceso de freno, de paro, en
la construcción de viviendas y eso expulsó del mercado de trabajo a muchísima
gente. El desempleo ha pasado de estar por debajo de los dos millones a superar
los cuatro millones de parados. Frente a esto hubo una serie de medidas, por
parte del gobierno, de reactivación de los distintos sectores, incluyendo el de
la construcción, con un proceso de endeudamiento público para salir de la
crisis. Esto incluye programas de financiación para proyectos de pequeñas y
medianas empresas, para sectores como el de turismo y automóvil, y todo esto
está comenzando ya a dar sus frutos. De hecho en los últimos tres meses se
produjo una recuperación del empleo. No es para estar confiados, no es para
decir que ya pasó la crisis, pero sí para pensar que ya pasó lo peor y que
entramos en una senda de recuperación en la que todavía tendremos que afrontar
importantes dificultades. Por eso el gasto público se ha restringido, en todo
lo que no tiene que ver con inversión.
–¿Cómo afectó socialmente este aumento del desempleo? ¿Se registraron brotes de
xenofobia, de ataques a los inmigrantes?
–No. Ha habido alguna pulsión, no digo que xenófoba, pero sí el decir “aquí no
caben más extranjeros”. Es una realidad que hay problemas para acoger más
inmigrantes por la situación del mercado laboral, pero lo que se ha producido
es un fortalecimiento de las redes de contención social de las que se
benefician todos quienes están en el mercado laboral español, incluidos los
extranjeros. El seguro de desempleo en España abarca a más del 75 por ciento de
los trabajadores en paro, se ha ampliado el plazo por el que puede uno estar
acogido al seguro de desempleo y se han establecido una serie de mecanismos de
reinserción al mercado laboral y también para el perfeccionamiento profesional.
También se trabaja con fuerza en la innovación tecnológica, pues el gobierno
considera que el desarrollo tecnológico, el valor agregado que supone la
inversión en tecnología, va en beneficio de todos los sectores. Y eso está
haciendo que no haya un impacto intenso en el desempleo que afecta de manera
más intensa a sectores como jóvenes, empleados de mayor edad e inmigrantes.
–¿Ciudadanos españoles tuvieron problemas en otros países de la Unión Europea?
–No se ha dado el caso. En España estamos un poco vacunados contra la
xenofobia, quizá porque el nuestro ha sido un país de mucha inmigración, ha
habido un fenómeno muy reciente –en los años ’60– que nos hace estar vacunados
ante cualquier reflejo xenófobo. Por ejemplo, frente a los atentados del 11 de
marzo de 2004, cometidos por un grupo de radicales islamitas, no hubo ni una
sola expresión ni un solo gesto hacia los inmigrantes musulmanes. Se entendió
perfectamente que era un grupo radical que invocando al Islam había cometido un
acto terrorista, un grupo aislado y rechazado por el conjunto de la comunidad
islámica.
–Usted dice que en la recuperación de la economía española es fundamental la
participación del Estado. ¿Coinciden en esta actitud los otros países de la
Unión?
–La Unión Europea es bastante desigual, su ampliación ha hecho que se pierda,
quizá, la coherencia que existía fundamentalmente en el núcleo duro de países
de la UE. Estoy pensando el caso de Alemania, con el que España tiene una
visión en común sobre el estado de bienestar, también con los países nórdicos,
como Dinamarca. El Reino Unido tiene una visión diferente, aunque ahora eso se
ha diluido en parte. Pero pienso que se mantiene en lo central esa línea
directriz, en la UE la protección social es un elemento fundamental, casi una
seña de identidad. Los elementos del estado de bienestar forman parte de la
Europa a la que quisieron unirse todos los países. En cuanto a nosotros, lo
último que va a hacer España en momento de crisis es bajar la atención social,
por el contrario la idea es aumentar la protección sobre los sectores más
desprotegidos.
–¿Cómo ve, en el futuro, la ubicación de la Unión Europea en un mundo que se
presenta como multipolar?
–Precisamente esta es la reflexión que le ha encargado la UE al ex presidente
Felipe González. Él está dirigiendo un pequeño grupo de trabajo que va a
producir en los próximos meses un documento sobre la senda a seguir por la UE
para profundizar la construcción del proyecto europeo. Tenemos ante nosotros un
calendario, una hoja de ruta que debiera llevar a la UE a dar un salto
cualitativo. Luego de la aprobación del tratado por los ciudadanos irlandeses,
como se piensa que va a ocurrir, a partir de allí ya se pondrían en marcha las
reformas que están acordadas. De esas reformas surge que la UE dé un salto
cualitativo en su construcción como actor político internacional, y en ese
marco se va a crear la figura equivalente a un ministro de Relaciones
Exteriores. La UE ya tiene una política común y habla con una sola voz, en
nombre de los más de 500 millones de habitantes de la Unión, en materia
comercial, por ejemplo. Ahora vamos a dar un paso en esa dirección y se va a
hablar en una sola voz en Naciones Unidas, sin perjuicio del peso que tienen
acreditado países que forman parte del Consejo de Seguridad. Se va a superar el
carácter intergubernamental en una serie de áreas. Es un camino lento, pero hay
que avanzar en esa dirección. La UE ya ha declarado su vocación de convertirse
y ejercer como un actor internacional con responsabilidades y con influencia.
Está determinada en encarar ese rumbo.
–En este camino, ¿cómo es la relación con Rusia?
–Rusia es, para mí, un socio de la Unión en la creación de un espacio de
seguridad en el sentido amplio de la palabra. Un contexto de seguridad que
permite el desarrollo de una actividad económica, la extensión del bienestar,
en el conjunto de Europa. Es un socio también para la seguridad energética. Por
lo tanto la UE y Rusia están abocadas a un entendimiento y a pesar de algunas
divergencias que puede haber por decisiones que toman las autoridades rusas,
como por ejemplo con países limítrofes caso Georgia, ese entendimiento va
avanzando gradualmente. No es fácil, hay muchos años de recelos. Existen dentro
de la UE países que por venir de la órbita comunista tienen recelos aún mayores
y la ven todavía como la Rusia del imperio soviético. Tenemos que trabajar para
mejorar ese asunto y construir juntos un espacio europeo de estabilidad,
seguridad y prosperidad.
–Lo saco de la Unión Europea y pasamos a Latinoamérica. Hoy hay dos temas
conflictivos fuertes en el continente: el golpe en Honduras y la instalación de
bases militares norteamericanas en Colombia. ¿Qué postura ha fijado España en
estos casos?
–En el caso de Honduras nuestra posición es bien clara y rotunda. Desde el
primer momento se retiró al embajador español y España viene apoyando los
intentos de la OEA y la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, a
quien le ofrecimos nuestro apoyo y nuestra colaboración en todo lo que
necesite. Creemos que es muy importante dejar en claro que en el siglo XXI en
América latina no tienen cabida los golpes de Estado, no puede haber
complacencia, ni mirar hacia otro lado ante la alteración del orden
constitucional establecido. Sabemos que la solución es difícil pero estamos
trabajando con otros países para que se restablezca el orden constitucional.
–¿Y Colombia?
–Creo que ha sido un anuncio que probablemente no se ha producido de la manera
más adecuada. Hubo poca comunicación, aunque el presidente Álvaro Uribe ha
hecho un despliegue muy importante en las últimas semanas visitando a
gobernantes de la región para explicar el tema. Cualquier país tiene el derecho
de autorizar el uso de su territorio por otras potencias, pero los países
vecinos también tienen derecho a exigir y demandar garantías de que eso no va a
suponer una militarización de la región ni amenazas a su propia seguridad. En
ese espacio está el punto donde deberán encontrarse el ejercicio legítimo por
parte de Colombia de autorizar el uso de determinadas instalaciones en su país,
que parece que se produce sin alterar las condiciones de soberanía, y los demás
países y su pleno derecho de exigir garantías de que no se alterará el statu
quo en la región.
–¿Ustedes ven la desigualdad social en el región como otro de los factores de
conflicto?
–Sin duda. Ocurre que el Consenso de Washington, su aplicación, resolvió
ciertos problemas macroeconómicos que tenían algunos países de la región, pero
se olvidó, ignoró, la dimensión social, y lo que hizo fue profundizar las
desigualdades sociales. Resolvió problemas como la inflación, abordó cuestiones
de deuda, pero no contempló ninguna acción para prevenir sus efectos negativos
sobre el aumento de la desigualdad que generó en un continente donde la
desigualdad era ya muy profunda. Esta lucha creo yo que es una de las grandes
tareas. Si miramos ahora los bicentenarios que se vienen, en España pensamos
que debiera ser una oportunidad para realizar un ejercicio serio con una agenda
que permita abordar todos los problemas que tiene la región. Las desigualdades
sociales son el signo más lacerante y todo está vinculado también con elementos
como la falta del aprovechamiento adecuado de recursos, la falta de
infraestructura en la región y, fundamentalmente, las carencias en cuanto a la
integración regional.
–Pasando a España, ¿cómo viven hoy la violenta reaparición de ETA?
–ETA es un fenómeno residual. Residual desde un punto de vista de su
operatividad y también desde las perspectivas de lograr algún resultado con sus
acciones. El único resultado que logran es sembrar el terror, sembrar muerte y
sembrar discusión, y acabar en la cárcel como han venido acabando todos los
dirigentes de la cúpula de ETA a los largo de los últimos dos años. Pero están
ahí, tienen capacidad de destruir y capacidad de matar. Aunque socialmente
están aislados. En las últimas encuestas que se han hecho en el propio País
Vasco, apenas superan el uno por ciento quienes dicen que simpatizan con la
violencia terrorista de ETA. Sus objetivos políticos de autodeterminación
pueden simpatizar a un diez por ciento, pero la condena a las acciones de ETA
es rotunda y firme, y eso se ve en todas las fuerzas políticas en el
Parlamento, los sindicatos, los empresarios...
–Incluso con la llegada de un gobierno socialista en el País Vasco...
–Sí, esto también lo marca que hay un gobierno socialista por primera vez en el
País Vasco. Hasta ahora había una actitud de “vive y deja vivir” a las
expresiones de simpatía que se producían en algunos municipios con algún
terrorista que caía apresado, pero ahora hay tolerancia cero, no se permite
ningún tipo de manifestación de pancartas, de carteles, de manifestaciones
públicas de apoyo a ETA. Se está erradicando culturalmente y eso ha tenido un
gran apoyo en la propia sociedad vasca que está ya harta de la violencia.
–Estos atentados se pueden ver como los últimos estertores de un accionar ya
repudiado mayoritariamente...
–No sabemos cuánto van a durar estos últimos estertores, lo que sí tenemos la
seguridad todos, y la sociedad vasca en primer lugar, es que ETA no va a
conseguir ningún objetivo político, que no se va a pagar ningún precio político
por el terrorismo, y por lo tanto lo único que les queda es decidir
voluntariamente que abandonan la violencia porque si no lo deciden
voluntariamente, lo decidirá la eficacia policial, lo decidirá la cooperación
ciudadana, la cooperación internacional y seguirán el mismo destino que sus
antecesores en la dirección de la banda, que es la cárcel. Estamos viendo cómo
hay un rejuvenecimiento, cada vez los más experimentados, los más maduros, ya
no dirigen la banda porque están en la cárcel; ahora quienes dirigen y hacen
las acciones son cada vez más jóvenes, más inexpertos, más inmaduros...
–Parece haber una ola denuncias judiciales en la política española. ¿Es así?
–Tiene razón, pero sólo en parte. No se están produciendo denuncias de un
partido a otro ante los tribunales. Sí hay una acción de los tribunales por un
caso muy importante de corrupción en una trama que aparece vinculada a
dirigentes del Partido Popular, y en esto hay que dejar que los tribunales
actúen. Esto tiene un ruido político porque, entre otras cosas, algunos de los
implicados tienen estatus parlamentario y por lo tanto en su momento van a
tener que ser autorizados por el Parlamento para que sean procesados. Hay otro
caso que es interno del PP por escuchas telefónicas en una disputa interna,
pero allí son los propios dirigentes del PP los que han ido a los tribunales a
denunciar a quienes consideran responsables de esas escuchas ilegales. Y a
partir de allí hay denuncias políticas, estamos asistiendo al nacimiento de un
nuevo periodismo en España que es el periodismo de “hamaca y parasol”...
–¿Cómo es eso?
–Algunos dirigentes hacen declaraciones desde la hamaca, en la playa, que se
graban y se envían enlatadas a los medios, y creo que eso es un deterioro de la
comunicación de la política que debiera abandonarse y superarse. Creo que los
políticos deberían enfrentarse a los medios de comunicación, dar la cara,
responder. Esto lo estamos viendo en estos días y a la distancia me llama la
atención.
–Hubo desde el PP críticas al gobierno diciendo que se persigue más a este
partido que a ETA...
–Eso fue una frase imprudente por parte de alguien del Partido Popular. Hay
ciertas fronteras que no se deben pasar nunca, y esta es una de ellas. En la
lucha contra ETA debemos estar todos unidos y no se debe equiparar la lucha y
la firmeza contra ETA con ninguna otra cuestión que divida a las fuerzas
políticas que es lógico que tengan divisiones. Creo que ha sido una frase muy
desafortunada y espero que para cuando pase el verano, eso, si no ha sido
rectificado, como mínimo sea sumido en el olvido que se merece.
–¿Cómo se está llevando adelante el proceso de recuperación de la memoria
histórica? Porque hay quienes ven en la búsqueda de fosas comunes para
recuperar cuerpos de ejecutados durante la Guerra Civil una reapertura de
heridas ya cerradas.
–Al contrario, creo que justamente se trata de cerrar heridas que estaban
abiertas. En España, por el devenir de nuestra transición todavía había y hay
muchas personas que sabiendo que su padre, su abuelo, están enterrados en la
cuneta de una carretera no los han podido enterrar dignamente. Lo que hace la
ley de memoria histórica es permitir que se puedan recuperar esos cuerpos, ya
que muchos del bando de los derrotados no han tenido esa posibilidad, y
mientras esas heridas estén abiertas no habremos culminado nuestro proceso de
transición y no podremos mirar al futuro con la cabeza alta. Era una asignatura
pendiente que no tiene ningún elemento de revancha, no hay ninguna revisión de
casos ni condenas a posibles autores o responsables de esas ejecuciones, es
simplemente la recuperación de la dignidad y la recuperación de la memoria de
los que no pudieron ser recuperados en los años anteriores...
–¿La sociedad española lo acepta así en su conjunto?
–Sí, sin duda. Ha sido un elemento de controversia política y mediática, pero a
la inmensa mayoría de la sociedad, y así lo marcan las encuestas, le parece
normal, porque muchos tienen de esos casos en sus familias. Otra cuestión es
que en algún caso la familia dijera que no quiere saber o no quiere que se
investiguen los restos, pero los lugares donde están enterrados hay que
investigarlos. Esto se está haciendo sin un gran ruido, sin ninguna batalla, es
un suceso que está amparado por una legislación y profesionales de la medicina,
bajo autoridad y decisión de los jueces, están trabajando. Es difícil negar a
alguien el derecho a saber dónde está el cuerpo de su padre y que repose
dignamente en una tumba.
–No fue tan así cuando retiraron las últimas estatuas de Franco...
–Hubo alguna algarada de cuatro extremistas de extrema derecha y alguna voz que
se escuchó desde la oposición conservadora, pero no, la sociedad acompañó
claramente.
–En cuanto a las relaciones con la Argentina, cuando la Presidenta estuvo en
febrero en España usted dijo que se “había perdido el pulso” de la relación
bilateral. ¿Qué quiso decir con eso?
–Esa frase yo la expresaba desde la ambición. Creo que el grado, la intensidad
de nuestras relaciones, su potencial, debiera permitirnos ser mucho más
ambiciosos de lo que hemos sido hasta ahora. Hemos hecho muchas cosas juntos,
pero quizá la relación es tan fluida y nos sentimos tan cómodos, que
prácticamente no vemos la necesidad de profundizar y de plantearnos nuevos
retos. A eso me refería cuando hablaba de retomar el pulso. Por ejemplo, los
ministros de Cultura no sienten la necesidad de reunirse para plantear
proyectos futuros porque la relación cultural es de una gran intensidad, no ya
de intercambio sino de un espacio compartido y lo mismo cabe aplicar a otros
ámbitos. En ciencia y tecnología, por ejemplo, estamos haciendo muchas cosas
juntos, estamos acostumbrados a que nuestros científicos, nuestras
universidades ya se relacionan entre sí. Toda esa masa crítica necesita de un
impulso político para dar un salto adelante. Y creo que el 2010, que tiene
muchos elementos, no solamente el simbolismo de los bicentenarios, es una buena
ocasión para dar saltos adelante, para eliminar trabas, para impulsar.
Tendremos una confluencia casi galáctica, la presidencia española de la Unión
Europea en el primer semestre de 2010, presidencia argentina del Mercosur y del
Grupo de Países de América Latina y el Caribe, va a haber una cumbre de América
latina y la UE en ese primer semestre. Tendremos que trabajar, la Argentina y
España, para tener una agenda consistente, sólida, para todo este recorrido.
Retomando algo que sigue siendo una asignatura pendiente que es el acuerdo
UE-Mercosur, quizás ahora por la crisis y como mejor estímulo para el día
después de la salida de la crisis retomar ese acuerdo que serviría además para
reactivar internamente al Mercosur y obligaría a la UE a volver su mirada más
hacia América latina ahora que ha estado mirando mucho hacia la Europa central,
oriental, y Asia, y en eso argentinos y españoles estamos muy preparados para
hacerlo.
–¿El tema Aerolíneas sigue siendo conflictivo?
–Sobre Aerolíneas se produjo un desacuerdo dentro de un entendimiento muy
amplio entre los dos gobiernos, y en algunos momentos hay desacuerdos que
afectan en menor o mayor grado al conjunto en general. Ese desacuerdo fue
abordado por los presidentes. Tenemos claro los dos gobiernos que ese
desacuerdo no condiciona ni determina el conjunto de la relación. Pero tenemos
también desde el gobierno español la voluntad y el deseo de que se encuentre
una solución satisfactoria para todas las partes. Están trabajando, es algo
sobre lo que el gobierno español no tiene gran cosa que decir, está trabajando
el gobierno argentino con la empresa que está ahora mismo en el CIADI, y con la
compañía Airbus. Sería deseable que se llegue a una solución satisfactoria para
todas las partes. No hay elementos de tensión en la relación, por eso hay que
retomar el pulso en una agenda compartida para intensificar la relación
bilateral.
Entrevista publicada en Veintitrés Internacional on line